Via the Office of Public Affairs

I actually love fairy tales and I used to enjoy reading them to our children when they were young and little. Now to be sure those were the more sanitized fairy tales but there was something good about them, a way of confronting what was tough in life with genuine hope. But they were fairy tales.

This week called Holy Week, the remembrance of Jesus entering Jerusalem and offering His life in the ultimate act of sacrificial love. Good Friday, the experience of betrayal, the experience of friends abandoning you, the experience of injustice and wrong, criminal self-centered conspiracies. And then beyond that Holy Week, the resurrection from the dead. This is not a fairy tale.

The truth is even as we speak this Holy Week, we do so not only in the shadow of the cross but we do so in the shadow of those who have been killed in Brussels, of those who have been wounded and maimed, of those who weep and mourn. And of a world mourning, and not too sure how to move forward. And this world does not need another fairy tale. This week’s story of crucifixion and resurrection is not a fairy tale.

Some years ago in the last century George McLeod, the founder of the Iona Community, had fought in the First World War, a war that he came to realize was fought for no good reason. He eventually became ordained, and founded the Iona Community, and at one point he said this about this faith that we hold as followers of Jesus:

I simply argue that the cross be raised again at the centre of the marketplace as well as on the steeple of the church. I am recovering the claim that Jesus was not crucified in a cathedral between two candles, but on a cross between two thieves, on the town garbage dump, at a crossroads so cosmopolitan that they had to write his title in Hebrew, Latin and Greek. It was the kind of place where cynics talk smut, thieves curse, soldiers gamble. That’s where he died. And that’s where we as Christians ought to be and what we as Christians ought to be about.

This week called Holy, the season called Easter, the remembrance of death and the realization of resurrection, this is not a fairy tale, but the revelation of ultimate reality. Now the truth is it’s easy to dismiss or discount whether by conscious conviction or by unconscious resignation to dismiss this as naïve, nice, but naïve. It’s easy to dismiss it whether consciously or unconsciously as a great hope, a wonderful ideal, but not realistic in a world like this. Maybe, parts of us I suspect wonder, maybe the strong do survive, maybe might does make right, maybe you better look out for number one. I suspect we all share those feelings once in a while.

But, I have to ask myself a question. It’s not my question, it’s Dr. Phil’s, “How’s that workin’ out for ya?” How’s that workin’ out for the world? The truth is, the way the world very often operates is not working out. It’s not sustainable. It’s not the way to life. Jesus has shown us the way. He has shown us that unselfish, sacrificial love, love of God, and love of the other, is the way to life. That, my friends, is the ultimate reality. And that’s not a fairy tale.

When Jesus was executed, He was tried and convicted of crimes He never committed. He willingly gave His life. Not for Himself, but for others. And in so doing, He showed us what love looks like. That’s what we call the Way of the Cross. And that Way is the way of life and hope. And when He died, His closest followers feared that maybe the strong do survive. Maybe might does make right. And maybe we better look out for number one. ’Cause maybe the world has won.

But three days later, something happened. Unexpected. Undreamed of. Unheralded. Three days later their world turned upside-down which is right-side up. God raised Him from the dead. And you could almost hear God thundering forth in that resurrection. Love, in the end, love wins! Love is the way! Trust me! Follow me! Believe in me! This resurrection is real! This is not a fairy tale!

So go forth into this world. Don’t be afraid. And don’t be ashamed to be people of love. And go forth into this world and help us to change it from the nightmare it often is into the dream that God intends.

A blessed Holy Week, a blessed Easter, and go forth into the world. Amen.

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En verdad me encantan los cuentos de hadas y disfrutaba leérselos a nuestros hijos cuando eran pequeños. Sin duda eran cuentos de hadas de lo más suavizados, pero había algo bueno en ellos: una manera de confrontar lo rudo de la vida con la genuina esperanza. Pero se trataba de cuentos de hadas.

Esta semana que llaman Semana Santa: la recordación de Jesús entrando en Jerusalén y ofreciendo su vida en el acto definitivo de amor sacrificial. El Viernes Santo: la experiencia de la traición, la experiencia de los amigos que te abandonan, la experiencia de la injusticia y la maldad, de conspiraciones egoístas y criminales. Y luego, después de la Semana Santa, la resurrección de entre los muertos. Este no es un cuento de hadas.

Lo cierto es que incluso mientras hablamos, esta Semana Santa, lo hacemos no sólo a la sombra de la cruz, sino que lo hacemos a la sombra de los que han sido muertos en Bruselas, de los que han sido heridos y mutilados, de los que lloran y hacen duelo. Y de un mundo doliente, y no demasiado seguro de cómo seguir adelante. Y este mundo no necesita otro cuento de hadas. El [acontecimiento] de esta semana de crucifixión y de la próxima semana de resurrección no es un cuento de hadas.

Hace algunos años, en el siglo pasado, George McLeod, el fundador de la Comunidad de Iona, había combatido en la primera guerra mundial, una guerra que él llegó a darse cuenta que no tuvo una buena razón para librarse. A él finalmente llegaron a ordenarlo y fundó la Comunidad de Iona, y en un momento dijo esto acerca de esta fe que profesamos como seguidores de Jesús:

Sostengo simplemente que la cruz se levante de nuevo en el centro de la plaza del mercado tanto como en el campanario de la iglesia. Reafirmo que Jesús no fue crucificado en una catedral entre dos velas, sino en una cruz entre dos ladrones, en el muladar de la ciudad, en una encrucijada tan cosmopolita que tuvieron que escribir su causa en hebreo, latín y griego. Era el tipo de lugar donde los cínicos dicen obscenidades, los ladrones maldicen y los soldados juegan. Fue allí donde él murió. Y es allí donde los cristianos deben estar y lo que los cristianos deben ser.

Esta semana llamada Santa, la estación llamada Pascua, el recuerdo de la muerte y la comprensión de la resurrección, esto no es un cuento de hadas, sino la revelación de una realidad definitiva. Ahora la verdad es que resulta fácil, por convicción consciente o resignación inconsciente, desechar o descartar esto como algo ingenuo; bonito, pero ingenuo. Resulta fácil descartarlo, consciente o inconscientemente, como una gran esperanza, un maravilloso ideal, pero no algo realista en un mundo como este. Tal vez, partes de nosotros supongo se pregunten, tal vez sobrevive el más fuerte, tal vez los poderosos hacen lo correcto, tal vez es mejor que esté atento a quien lleva la delantera. Sospecho que todos compartimos esos sentimientos alguna que otra vez.

Pero, yo tengo que hacerme una pregunta. No es una pregunta mía, es del Dr. Phil. “¿Cómo funciona eso para ti?” ¿Cómo funciona para el mundo? La verdad es que la manera en que el mundo opera con frecuencia no está funcionando. No es sostenible. No es el camino que conduce a la vida. Jesús nos ha mostrado el camino. Él nos ha mostrado que el amor abnegado, el amor sacrificial, el amor de Dios y el amor al otro, es el camino a la vida. Esa es, amigos míos, la realidad definitiva. Y eso no es un cuento de hadas.

Cuando Jesús fue ejecutado, fue juzgado y condenado por delitos que nunca cometió. Él dio voluntariamente Su vida. No para sí mismo, sino para otros. Y al hacerlo, nos mostró como es el amor. Eso es lo que llamamos el Camino de la Cruz. Y ese Camino es el camino de la vida y de la esperanza. Y cuando Él murió, Sus seguidores más cercanos temieron que tal vez el fuerte sí sobrevive. Tal vez los poderosos hacen lo correcto. Y tal vez es mejor que estemos atentos a quien lleva la delantera. Porque tal vez el mundo ha triunfado.

Pero tres días después sucedió algo, inesperado, jamás soñado, imprevisto. Tres días después el mundo de ellos dio un vuelco, lo cual significa que se recuperó. Dios le levantó de los muertos. Y ustedes casi podrían oír la estruendosa voz de Dios en esa resurrección. ¡El amor, al final, el amor vence! ¡El amor es el camino! ¡Confíen en mí! ¡Síganme! ¡Crean en mí! ¡Esta resurrección es real! ¡Esto no es un cuento de hadas!

Vayan pues a este mundo. No tengan miedo. Y no se avergüencen de ser un pueblo de amor. Y vayan a este mundo y ayúdennos a cambiarlo de la pesadilla que con frecuencia es en el sueño que Dios tiene planeado.

Una bendita Semana Santa, una Pascua bendita, y vayan al mundo. Amén.

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